17 de febrero de 2008

Miracle 77524

miracle infrared 2



14 comentarios:

Claire dijo...

Gracias por el hermoso cuento de Navidad de Auggie Wren... Gracias por el nuevo milagro.

MartinAngelair dijo...

Vaya mañana de vértigo.

Smoke (Harvey Keitel, cuando salia a la calle a fotografíar...siempre fumando)

Claire dijo...

Ah, la luz. La blanca luz que desde el negro estalla en mi rostro. Poltergeist, aquella película de hace años. Me gustaría saber qué sucede ahí dentro, en mitad de la luz, qué música se escucha ahí... Sobre todo, quién o quienes están ahí. De qué hablan. En qué dia de la creación están.

Anónimo dijo...

Me gusta el tratamiento que haces de la luz. Supongo que la lluvia es real, pero amplificada con el resplandor de la ventana. Un buen trabajo, sin duda.

Anónimo dijo...

Muy bien efecto: efectista pero técnicamente intachable. Se nota el buen manejo del photoshop. Bueno, es mi opinión de fotógrafo amateur. Un saludo.

Fene dijo...

Tenebrismo de primera. Enhorabuena.

Princesa a mi pesar dijo...

Me vienen a la memoria unos versos de un gran poeta venezolano:

'Siempre el espacio empieza
por una lluvia que lo apaga todo'.

Hesnor Rivera

Hiperión dijo...

Por la ventana del alma asoma la luz, la luz que muchas veces sólo vemos cuando llueve, cuando no la tenemos junto a nosotros. La ausencia nos hace desear la presencia.

Fani dijo...

Con llave cambiante
tú abres la casa en la cual
la nieve oscila de lo silenciado.
Según la sangre que te mane
de ojo, boca u oído,
tu llave cambia.
Si cambia tu llave, cambia la palabra,
a la que le está permitido oscilar con los copos.
Según el viento que a empujones te aparta,
se amontona la nieve en torno a la palabra.

Paul Celan -

Otrora dijo...

La pequeña llama - Juana de Ibarbourou

Yo siento por la luz un amor de salvaje.
Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge;
¿no será, cada lumbre, un cáliz que recoge
el calor de las almas que pasan en su viaje?

Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas,
lo mismo que las almas taciturnas y buenas.
Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas.
Hay otras casi rojas: espíritus de rosas.

Yo respeto y adoro la luz como si fuera
una cosa que vive, que siente, que medita,
un ser que nos contempla transformado en hoguera.

Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado
una pequeña llama de dulzura infinita
para tus largas noches de amante desolado.

MartinAngelair dijo...

Al no tener ninguna meta no se fijaba en el camino, y así sucedió que sin quererlo entró en aquel lugar salvaje en el que hacía mucho tiempo había visto la puerta que conducía al Mundo de los Verdaderos Milagros. Pero la puerta ya no estaba allí.

Una tormenta oscurecía el cielo y pronto comenzó a llover con fuerza. Un rayo cayó a los pies de Indicavía y permaneció fijo a pocos pasos de él. Aterrado abrió los ojos y entonces descubrió que el rayo no era otra cosa que una rendija en la puerta hacia el Mundo de los Verdaderos Milagros, cuyas hojas se habían entreabierto y dejaban salir una luz maravillosa, nunca vista, que iluminaba el paisaje.

Leyó otra vez la inscripción sobre la puerta y no se atrevió a entrar: ahora menos que entonces. Se limitó a mirar con profunda añoranza la claridad: un sollozo breve y seco le sacudió. De pronto oyó hablar a la luz.

- ¿Por qué nos has hecho esperar tanto? Amigo, ¿por qué no has venido si te hemos llamado?

Indicavía notó que la luz le miraba y que le traspasaba por completo. Con labios temblorosos respondió:

-¿Cómo podía entrar si era del todo indigno?

Apenas terminó la frase rodó hacía atrás entre relámpagos y truenos. ¡Tan fuerte fue la bofetada que recibió! Permaneció en el suelo con las piernas estiradas. Se frotó la mejilla y se preguntó sorprendido por qué no notaba dolor. No había sido más que una saludable conmoción que le hizo centrar su interior y sentirse mejor, rejuvenecido. A pesar de ello, dijo:

- Si he pecado de soberbio os ruego que me lo digáis. Si no es así, ¿por qué me castigáis con tanta fuerza?

Como respuesta escuchó una carcajada tenue, ni burlona ni divertida, más bien consoladora, como si alguien le tomara en brazos y le acunara suavemente.

-Te reconvenimos –dijo la luz- por pretender juzgarte a ti mismo.

Esto confundió de manera profunda a Indicavía. Si tenía alguna buena calidad era precisamente su capacidad de juzgarse y su rigor en este único punto. Si ahora resultaba también un defecto, entonces no entendía nada. Pero no cabía duda de que la luz a la que se dirigía como a una persona le había corregido con una bofetada, lo cual él aceptaba.

Se puso en pie y con pasos vacilantes se acercó a la puerta.

- No es necesario – dijo- que me rechacéis con tanta severidad, ya que no tengo la intención de cruzar el umbral sin permiso. Tus razones y las mías serán muy diferentes, pero estamos de acuerdo en que no hay lugar para mí ahí, al otro lado. He mostrado el camino hasta aquí a otros y me gustaría saber si han encontrado la puerta y si la han traspasado.

De nuevo rodó por el suelo entre relámpagos y truenos hasta caer sentado. Se frotó la mejilla, aunque tampoco le dolía esta vez.

-¿Otra bofetada? - se atrevió a murmurar.

-Por creer que necesitamos tu ayuda para llamar a quien nos plazca- dijo la luz.

Indicavía comprendió entonces que ante la luz no se dirimían cuestiones de culpabilidad o de méritos. Frente a lo completamente diferente no existían estas minucias. Se volvió a poner en pie, dio unos pasos y preguntó:

- ¿Quién eres? – alzó automáticamente el brazo, en espera de una tercera bofetada, pero ésta no se materializó.

-Yo – dijo la luz- soy tú. ¡ Y ahora entra!

Indicavía se inclinó profundamente y cruzó el umbral.

El rayo se apagó.

En este punto se pierden las huellas de Indicavía. Se desconoce si más tarde reapareció, con otro nombre y otra vida, en el mundo de los hombres o si aquel momento fue el de su muerte. La diferencia no es importante. En cualquier caso regresó a los orígenes de su existencia terrenal, pues dicen que el primer rayo y el último fueron el mismo. Hay instantes que dominan verticales e inmóviles la corriente del tiempo que fluye debajo de ellos. Si estos instantes son la puerta la Mundo de los Verdaderos Milagros, tras la cual se halla lo totalmente diferente, entonces aquí acaba la persona de Jerónimo Hornleiper, alias Matto, alias Conde Atanasio de Arcana, alias Indicavía. Y también acaba este cuento.

LA PRISIÓN DE LA LIBERTAD
MICHAEL ENDE

Silleda, 28 de abril de 1994.

Gertrude dijo...

La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.


La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.


Noche Primera

Empuja el corazón,
quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca en él
el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.
Sé, al menos,
su inminencia
y quebrantado hueso
de su proximidad.
Que se haga noche. (Piedra,
nocturna piedra sola.)
Alza entonces la súplica:
que la palabra sea sólo verdad.
JA Valente.

Molloy dijo...

La fuerza inmensa del Blanco y Negro. Lo sobrenatural se resalta con el haz de luz. Significados múltiples, supongo, pero en todo caso poderosos.

Hiperión dijo...

Vagais arriba en la luz,
en blando suelo, ¡genios felices!
brisas de Dios, radiantes,
suaves os rozan
como los dedos de la artista
las cuerdas santas.

Sin sino, como infantes
que duermen, respiran los dioses;
resplandecen
en casto capullo guardados
sus espíritus
eternamente.
Y en sus ojos beatos
brilla tranquilo
fulgor perpetuo.

Mas no nos es dado
en sitio alguno posar.
Vacilan y caen
los hombres sufrientes,
ciegos, de una
hora en la otra,
como aguas de roca
en roca lanzados,
eternamente, hacia lo incierto.

Hölderlin.

 
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