2 de marzo de 2008

Portrait 52602 > Angel 01

ANGEL 7 08 bis



21 comentarios:

D dijo...

K viva tu alma revolucionaria!

Fleur dijo...

Dale nomás !!

Estragón dijo...

Madre de Dios... Je je je

Vladimir dijo...

Del amor hermoso, que diría CS... Je je.

Valerie dijo...

Que sepais que yo tampoco quiero rehabilitarme. Y que quiero llegar el lunes al puto curro hecho unos zorros. Que conste.

Anónimo dijo...

joder, estos angeles son del cielo o del infierno?, enterate que segun sea el sitio cambio de conducta.

Flor dijo...

Es una bonita composición.

Las manos parecen las de una bailarina, y las alas entran ya en la categoría de Fantásticas.

Por no hablar de lo que acompaña... Es muy guapo tu ángel 01...

El Príncipe Anarquista dijo...

El Príncipe Anarquista dice: Este ángel tiene sexo, aunque no se le ve. Pero intuyo un olor muy especial. Ángel de mujer o mujer de ángel. Joder también, me gusta esa palabra. Yo nunca seré un pensionista rehabilitado.

Vladimir dijo...

No sabía que se podía blasfemar y decir palabras sucias en este sitio tan elegante. Y cositas sexuales ? Este ángel eleva la libido de los ángeles. Estoy de acuerdo, hay que enterarse de dónde vive, si arriba o abajo. Camille podrá sacarnos de dudas, seguro que la conoce. A la angelita. Recitará poemas como tú ? A vueltas con la libido.

Inés Toledo dijo...

Un abrazo, Camille. Fotos conmovedoras. Entro y leo rapidito y de puntillas. Volveré más despacio.

Bonito Poemas del Nilo.

Mi blog no tiene nada que ver con esto. Refleja un estado de ánimo confuso y disperso, y no tiene vocación literaria.

Flor dijo...

Julián asintió débilmente. Descendimos de nuevo hasta la planta baja. Una vez allí, Julián se dirigió hacía la biblioteca. Los estantes estaban vacíos, la chimenea anegada de escombros. Las paredes, pálidas de muerte, aleteaban al aliento de la llama. Los acreedores y usureros habían conseguido llevarse hasta la memoria, que debía estar ahora perdida en el laberinto de alguna chatarrería.

-He vuelto para nada- murmuraba Julián.

Mejor así, pensé. Contaba los segundos que nos separaban de la puerta. Si conseguía alejarle de allí y dejarle con aquella puñalada de vacío, quizá aún tuviésemos una oportunidad. Dejé que Julián absorbiera la ruina de aquel lugar, que purgase su recuerdo.

-Tenías que volver y verla otra vez – dije-. Ahora ya ves que no hay nada. Es sólo un caserón viejo y deshabitado, Julián. Vayámonos a casa.

Me miró, pálido, y asintió. Le tomé de la mano y enfilamos el pasillo que conducía a la salida. La brecha de claridad del exterior apenas quedaba a media docena de metros. Pude oler la maleza y la llovizna en el aire. Entonces sentí que perdía la mano de Julián. Me detuve y me volví para encontrarle inmóvil, con la mirada clavada en la oscuridad.

-Qué pasa Julián?

No contestó. Contemplaba hechizado la boca de un angosto corredor que conducía a las cocinas. Me aproximé hasta allí y escruté la tiniebla que arañaba la llama azul del mechero de gasolina. La puerta al extremo del pasillo estaba tapiada. Un muro de ladrillos rojos, toscamente dispuestos entre argamasa que sangraba por las comisuras. No comprendí bien qué significaba, pero sentí que el frío me robaba el aliento. Julián se acercaba lentamente hacia allí. Todas las demás puertas, en el corredor –en toda la casa-, estaban abiertas, desprovistas de cerraduras y pomos. Excepto aquélla. Una compuerta de ladrillos rojos oculta en el fondo de un corredor lúgubre y escondido. Julián posó las manos sobre los adoquines de arcilla escarlata.

-Julián, por favor, vayámonos ya...

El impacto de su puño sobre la pared de ladrillos arrancó un eco hueco y cavernoso al otro lado. Me pareció que le temblaban las manos cuando posaba el mechero en el suelo y me indicaba que me retirase unos pasos.

-Julián...

La primera patada arrancó una lluvia de polvo rojizo. Julián embistió de nuevo. Creí que había oído sus huesos crujir. Julián no se inmutó. Golpeaba el muro una y otra vez, con la rabia de un preso abriéndose camino hacía la libertad. Le sangraban los puños y los brazos cuando el primer ladrillo se quebró y cayó al otro lado. Con dedos ensangrentados, Julián empezó entonces a forcejear por agrandar aquel marco en la oscuridad. Jadeaba, exhausto y poseído de una furia de la que nunca le habría creído capaz. Uno a uno, los ladrillos fueron cediendo y el muro se abatió. Julián se detuvo, cubierto de sudor frío, las manos despellejadas. Tomó el mechero y lo posó sobre el borde de uno de los ladrillos. Una puerta de madera labrada con motivos de ángeles se alzaba al otro lado. Julián acarició los relieves de la madera, como si leyese un jeroglífico. La puerta se abrió bajo la presión de sus manos.

Una tiniebla azul, espesa y gelatinosa, emanaba del otro lado. Mas allá se intuía una escalinata. Peldaños de piedra negra descendían hasta donde se perdía la sombra. Julián se volvió un instante y le encontré la mirada. Vi en ella miedo y desesperanza, como si intuyese la negrura. Negué en silencio, implorándole que no descendiese. Se volvió, abatido, y se zambulló en la oscuridad. Me asomé al marco de adoquines y le vi descender por la escalera, casi tambaleándose. La llama temblaba, apenas ya un soplo de azul transparente.

-Julián?

Sólo me llegó el silencio. Podía ver la sombra de Julián, inmóvil al fondo de la escalera. Crucé el umbral de ladrillos y descendí los peldaños. La sala era una estancia rectangular, de muros de mármol. Desprendía un frío intenso y penetrante. Las dos lápidas estaban recubiertas por un velo de telaraña que se deshizo como seda podrida a la llama del mechero. El mármol blanco estaba surcado por lágrimas negras de humedad que parecían sangrar de las hendiduras que había dejado el cincel del grabador. Yacían la una junto a la otra, como maldiciones encadenadas.

...

Ou, 18 de febrero de 2005.

Fausto dijo...

Salvaje es el viento. Esta aparente oscuridad que lo invade todo en este blog es solamente el fondo para poder apreciar la luz. Un bello ángel y un muy buen arsenal de músicas. Me refiero sobre todo al clip de Bowie, que no conocía, aunque sí la cancioncilla.

Estragón dijo...

Delicioso sexo de los ángeles. Estoy con Valerie y otros locos egregios que leemos este blog: no queremos rehabilitarnos!

Fani dijo...

Tom Waits anda por aquí. Y Telepopmusik. Nada malo nos puede pasar. Tantos años de rehabilitación tirados por la borda. Me rindo!

Fausto dijo...

Me ha gustado esa historia Flor. Ya me contarás quién es el autor/a

Flor dijo...

En 1945 , Daniel, un niño de diez años, camina de la mano de su padre, el librero Sempere, para visitar El Cementerio de los Libros Olvidados, un rincón secreto perdido entre los recovecos sombríos de la Barcelona vieja.

En el laberinto de estantes cargados de libros de toda índole y género se agazapa el misterio de lo inconcluso, obras y autores víctimas de la frágil y huidiza memoria, pasto del fracaso. Hay una regla no escrita según la cual en la primera visita, el recién llegado debe escoger un libro para rescatarlo y protegerlo de la desmemoria. Daniel escoge un volumen que lleva por título LA SOMBRA DEL VIENTO, firmado por un autor desconocido, un tal Julián Carax.

Sólo algunos libros son capaces de producir esa fascinación inexplicable que se apodera por siempre de una parte de nuestra vida, una comunión febril e intransferible entre autor y lector. Durante ocho años Daniel llevará a cabo una incansable búsqueda de Julián Carax, escritor de vida evanescente, desaparecido el triste verano del 36.

La sombra de Carax llevará al joven Sempere a resucitar un pasado peligroso, una trama de amores desgraciados, odios y venganzas inmisericordes y verdades jamás desveladas, en la que asoman inquietantes similitudes con la propia existencia de Daniel.

Equívocos recovecos llenos de las miserias de la guerra, amores truncados, fatalidad y muerte, donde la pasión por la literatura ejerce de mágico anfitrión.


Contraportada de LA SOMBRA DEL VIENTO de RUIZ ZAFÓN.

Celebro que te haya gustado, Fausto...Y espero que te comas el libro entero porque, es de los que alimentan.

Fausto dijo...

Gracias Flor. Un libro con el que nunca pude, de momento. En vista del texto que transcribes tendré que animarme de una vez.

Valerie dijo...

esta noche soñé con un ángel con sabor a mandarina. tenía alas rosadas en la espalda. me sonreía y cuando intentaba mirarlo de frente desaparecía y reaparecía en otro sitio distinto de mi habitación. olía a mandarina, era un perfume suave y embriagador. no tenía miedo, al contrario: me sentía extrañamente protegida y halagada por la visita. el olor de los sueños es algo que no deja de sorprenderme.

Anónimo dijo...

Esta composición me hace casi tocar el cielo, invita a ser "buenos". Camille, eres un verdadero genio y tan misterioso!

LaClau dijo...

¡Qué fotografía! Estoy muda, las palabras están, simplemente, de más.
Gracias por compartir esto.

azul dijo...

Cuidado ese angel quiere escaparse y la verdad es que no nos conviene. Necesitamos que se quede y nos guie. Estamos un poco perdidos aqui solos.

 
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